Entrevista realizada por Victoria Muñoz de Texla Renovables
Lo difícil no es sinónimo de imposible. Esa es la idea que subyace en el discurso de Pablo Gómez Falcón cuando habla de uno de los proyectos más emblemáticos de Coagener: la construcción de la primera planta de hidrógeno verde operativa de Andalucía, ubicada en Los Barrios (Cádiz). Un hito que marca un paso decisivo en la evolución de esta compañía andaluza, especializada en tecnología solar fotovoltaica, almacenamiento y soluciones energéticas avanzadas para la industria, hacia nuevos vectores clave para la descarbonización.
El proyecto, impulsado junto a Guadacorte, nació con el objetivo de suministrar hidrógeno renovable al polo industrial de Algeciras y ha supuesto, en palabras de Gómez Falcón, una “satisfacción absoluta”, pero también un desafío de gran envergadura. No solo por la complejidad técnica, sino por tener que enfrentarse por primera vez a procesos completamente nuevos, también el ámbito de la tramitación administrativa. “Este proyecto ha demostrado que los desarrollos más complejos son viables y pueden ejecutarse desde Andalucía por empresas andaluzas, siempre que se aborden con rigor, planificación e implicación técnica”, señala.
Un esfuerzo que fue reconocido con la distinción a la Mejor Iniciativa de Hidrógeno en España en la IV edición de los galardones de El Periódico de la Energía, pero que, más allá del premio, ha servido para poner de relieve un elemento clave para el despliegue del hidrógeno renovable: la proximidad entre producción y consumo.
En el hidrógeno verde la competitividad no depende únicamente del coste de producción, sino de la capacidad de reducir al máximo la complejidad logística, garantizar un suministro fiable y ofrecer al consumidor industrial una solución viable, cercana y adaptada a sus necesidades reales, acelerando así la sustitución del hidrógeno gris por alternativas renovables.
Sin embargo, como apunta Gómez Falcón en esta entrevista para CLANER, el verdadero reto pasa por activar una demanda suficiente y estable que aporte certidumbre a los proyectos. Sin contratos a largo plazo, sin consumidores dispuestos a asumir el cambio y sin marcos regulatorios que acompañen esta transición, el hidrógeno difícilmente podrá escalar. A ello se suma la necesidad de modelos de suministro adaptados a cada uso industrial, y la existencia de señales claras de mercado que permitan cerrar la financiación. Solo así —con industria, demanda y proximidad alineadas— el hidrógeno verde podrá consolidarse como una alternativa real y competitiva dentro del proceso de descarbonización.
La puesta en marcha de la planta de hidrógeno verde de Los Barrios marca un antes y un después en el desarrollo de esta tecnología en Andalucía. Desde su experiencia, ¿qué importancia tiene este proyecto para el despliegue del hidrógeno renovable y para su integración en la industria?
Para Coagener ha sido una satisfacción absoluta ejecutar este proyecto, y haber contado con un socio excepcional como Guadacorte.
Diseñamos la planta pensando en un modelo de producción y suministro concreto, y esa decisión ha resultado acertada. Entre los aprendizajes más importantes están: la conveniencia, en la etapa de desarrollo del mercado de hidrogeno en que nos encontramos, de ubicar la producción cerca de consumidores actuales de H₂ gris para minimizar riesgos logísticos; el valor estratégico de situarse junto a infraestructuras portuarias que abren opciones comerciales; y la ventaja de contar con generación renovable para reducir costes y obtener la clasificación RFNBO. También hemos confirmado que cuestiones operativas en esta etapa inicial requieren mucha supervisión in-situ, y todavía es difícil hacer una gestión remota. Con respecto a los consumidores, al margen de llegar a un precio aceptable por las dos partes, cada usuario requiere unas condiciones de suministro, un formato, un transporte, una frecuencia de recarga, un nivel de reposición, o una seguridad de suministro distinta… y eso es clave. Si la planta no puede producir o servir en esas condiciones has perdido un cliente.
Más allá de lo que ha supuesto internamente para Coagener este proyecto, creemos que el impacto para la región puede ser muy relevante. Las industrias del Campo de Gibraltar, que son consumidoras de hidrógeno gris, cuentan hoy con hidrógeno renovable disponible a escasos kilómetros de sus centros de consumo. Esta proximidad es una ventaja competitiva que no se da en muchas otras zonas de España y ayuda, sin duda, a acelerar el desarrollo del hidrógeno verde en Andalucía.
Andalucía aspira a consolidarse como uno de los grandes polos energéticos del sur de Europa, combinando un fuerte despliegue renovable, una creciente capacidad industrial y una posición logística única entre continentes. Desde su experiencia, ¿qué ventajas competitivas ofrece realmente la región para liderar el reto de la descarbonización en los próximos años y qué elementos diferenciales pueden situarla por delante de otros territorios?
Andalucía dispone de una ventaja natural: un recurso solar excepcional que la sitúa entre las regiones europeas más eficientes para producir energía renovable. Además, su capacidad industrial tanto como productor como potencial consumidor, y su posición logística —puertos y conexiones entre continentes— son un entorno idóneo para proyectos energéticos a escala. Dicho esto, la generación fotovoltaica por sí sola no basta para producir H₂ y derivados competitivos; es imprescindible garantizar los factores que afectan a la rentabilidad, sobre todo la conexión a redes eléctricas y a infraestructuras de transporte de hidrógeno. Si se facilitan esas conexiones y se optimiza el lugar donde se produce y donde se consume la energía, Andalucía puede adelantarse a otras regiones de España y Europa.

Pablo Gómez recogiendo el Premio a la Mejor iniciativa de Hidrógeno en España en la IV edición de los premios del Periódico de la Energía
“LAS INDUSTRIAS DEL CAMPO DE GIBRALTAR, QUE SON CONSUMIDORAS DE HIDRÓGENO GRIS, CUENTAN HOY CON HIDRÓGENO RENOVABLE DISPONIBLE A ESCASOS KILÓMETROS DE SUS CENTROS DE CONSUMO”
Hablemos ahora de almacenamiento. En foros recientes del sector, como el AEPIBAL Day de este año, se ha señalado no solo la falta de claridad en los criterios de acceso y conexión, sino también la preocupación por la dependencia de proveedores externos y la ausencia de una cadena de valor europea sólida.
¿Cómo impacta esta incertidumbre —regulatoria, técnica e industrial— en la planificación de los proyectos y qué medidas consideraríais prioritarias para impulsar un despliegue competitivo del almacenamiento en España?
Ahora mismo la principal dificultad para que los proyectos de almacenamiento se construyan es la falta de un plan de negocio que cumpla los criterios requeridos para ser financiado. Esto es puede ser salvable en determinados casos en los que la energía almacenada se dedica a usos concretos, y por tanto puede vincularse a un PPA, o en el futuro cuando exista un esquema de ingresos regulados, pero es más difícil en los casos de venta a red. Al margen de esta cuestión, hay incertidumbre regulatoria y dificultad de acceso y conexión, tanto para generación como para consumo. La dependencia de proveedores externos y escasez de cadena de valor europea es un contexto con el que hay que convivir. Se están tomado medidas para simplificar y acelerar los procesos de tramitación, sobre todo en el caso de hibridación. Sí es necesario, además, concienciar sobre la seguridad de estos sistemas, pues la percepción general no es ésa.
Cada vez más industrias andaluzas demandan soluciones concretas para reducir consumos y emisiones. ¿Dónde están hoy las oportunidades más inmediatas y qué tecnologías están ofreciendo un retorno más rápido y medible?
Hoy, los modelos de negocio de almacenamiento de energía aplicados a consumos concretos son interesantes y rentables, sobre todo para gestionar picos, optimizar costes y garantizar suministro sin volatilidad. Existen soluciones de almacenamiento que se implementan con horizontes de 4–6 años y que ya ofrecen retornos válidos. A corto plazo, la solución más eficiente es producir energía propia —in situ o en remoto— y, cuando los costes de inversión en baterías lo permitan, integrarla con almacenamiento. En el ámbito térmico, aún es difícil competir con el coste del gas con otros combustibles, por lo que las oportunidades inmediatas más claras están en electrificación y almacenamiento.
¿Qué factores determinan hoy que un proyecto de autoconsumo industrial sea realmente competitivo y qué barreras siguen frenando su adopción en el tejido empresarial andaluz?
En la actualidad, la competitividad de un proyecto de autoconsumo industrial viene determinada principalmente por la evolución de los precios de la energía, el perfil de consumo de la empresa y la capacidad de maximizar el autoconsumo instantáneo. No obstante, uno de los factores clave que sigue condicionando su viabilidad económica es el elevado coste de la inversión en sistemas de almacenamiento, que resulta determinante para aumentar la flexibilidad y el aprovechamiento de la energía generada.
Entre las principales barreras que continúan frenando la adopción del autoconsumo en el tejido empresarial andaluz destacan: La amortización de la inversión a largo plazo, lo que dificulta la toma de decisiones empresariales y complica el acceso a financiación. La incertidumbre sobre la evolución de los precios de la energía a medio y largo plazo, junto con la percepción de que puede resultar más rentable asumir el riesgo del mercado energético que asegurar un coste estable mediante autoconsumo. La expectativa de una futura reducción de los costes de las tecnologías de almacenamiento, que provoca que muchas empresas pospongan la inversión. El tamaño de las empresas, ya que gran parte del tejido empresarial andaluz está compuesto por pymes, con menor capacidad financiera y menor volumen de consumo para rentabilizar este tipo de proyectos.

Presentación de la primera planta de hidrógeno verde de Andalucía junto al Consejero de Industria, Energía y Minas, Jorge Paradela.
“EN LA ACTUALIDAD, LA COMPETITIVIDAD DE UN PROYECTO DE AUTOCONSUMO INDUSTRIAL VIENE DETERMINADA PRINCIPALMENTE POR LA EVOLUCIÓN DE LOS PRECIOS DE LA ENERGÍA, EL PERFIL DE CONSUMO DE LA EMPRESA Y LA CAPACIDAD DE MAXIMIZAR EL AUTOCONSUMO INSTANTÁNEO”
Si miramos de nuevo al hidrógeno renovable como vector de futuro, según un informe elaborado por PwC sobre el estado del hidrógeno renovable en España, el principal freno ya no es el tecnológico, sino la falta de demanda asegurada y de contratos estables que permitan cerrar la financiación de los proyectos. Desde su experiencia, ¿qué mecanismos —contractuales, regulatorios o de mercado— serían más eficaces para activar esa demanda industrial y acelerar la adopción del hidrógeno verde?
Efectivamente, hoy la principal dificultad para el desarrollo del mercado del hidrógeno renovable ya no es tecnológica, sino la falta de una demanda suficiente y estable. Es importante tener en cuenta que no existe una única demanda de hidrógeno, sino distintos usos y aplicaciones que requieren enfoques diferentes. No es lo mismo el consumo de hidrógeno en usos térmicos industriales que en movilidad, donde conviven realidades muy distintas como el transporte pesado de larga distancia, las plataformas logísticas o el transporte marítimo y aéreo. A ello se suma su utilización en procesos industriales, donde el hidrógeno puede actuar tanto como vector energético como materia prima. En cada uno de estos ámbitos, el consumidor presenta una disposición distinta a adoptar el hidrógeno, especialmente en términos de coste y de riesgo. Por eso, para que la demanda se active es necesario combinar políticas que incentiven u obliguen su uso, siempre con esquemas adaptados a cada sector. Desde el punto de vista de los mecanismos más eficaces, resultan clave los contratos estables a largo plazo que aporten certidumbre a los ingresos y permitan cerrar la financiación de los proyectos, junto con marcos regulatorios que establezcan objetivos o cuotas de consumo de hidrógeno renovable en determinados sectores. Complementariamente, los instrumentos de apoyo económico que reduzcan la brecha de costes frente a las alternativas fósiles son esenciales en esta fase inicial. Solo así se podrá generar la confianza necesaria para acelerar la adopción del hidrógeno verde y consolidar su papel como vector energético de futuro.
En Gente con Energía hablamos siempre del talento que mueve la transición energética. ¿Qué competencias —técnicas, digitales, operativas o incluso de actitud— va a necesitar el profesional que quiera trabajar con soluciones avanzadas como almacenamiento e hidrógeno?
El principal reto en términos de talento va a ser la formación específica en estas nuevas tecnologías. Soluciones como el almacenamiento energético o el hidrógeno renovable son sistemas altamente complejos, muy diferentes de las tecnologías con las que el sector ha convivido durante años, como la fotovoltaica o la eólica, que presentan un nivel de complejidad técnica menor. Además de la formación teórica, será clave contar con experiencia real en operación y mantenimiento, algo que solo puede adquirirse trabajando directamente con instalaciones en funcionamiento. Estas tecnologías no se dominan únicamente desde el diseño o la ingeniería, sino desde la gestión diaria, la resolución de incidencias y la optimización continua de los sistemas. Por ello, resulta fundamental que exista un impulso claro por parte de la administración para facilitar proyectos y entornos reales de operación, que permitan desarrollar ese conocimiento práctico.
“EN EL FUTURO PARA LAS EMPRESAS, LA CLAVE ESTARÁ EN INVERTIR EN CONOCIMIENTO Y EN UNA GESTIÓN RIGUROSA DEL RIESGO, ENTENDIENDO QUE LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA EXIGE CADA VEZ MÁS SOLVENCIA TÉCNICA Y FINANCIERA”
Coagener ha desarrollado proyectos energéticos en mercados como Reino Unido, Italia o Rumanía. ¿Qué diferencias encontráis entre la forma de abordar proyectos de eficiencia y renovables en esos países frente a España? ¿Y qué aprendizajes internacionales consideráis más valiosos para el ecosistema energético andaluz?
Las diferencias entre mercados son, en muchos casos, más relevantes que las similitudes. Uno de los aprendizajes más valiosos de nuestra experiencia en otros países es que en algunos de estos mercados sólo llegan a desarrollarse proyectos que son realmente viables, tanto desde el punto de vista técnico como financiero, o dicho de otro modo, los más eficientes.
En España, especialmente en los últimos años, hemos visto cómo se han promovido numerosos proyectos que finalmente no podrán construirse por falta de optimización, ya sea por su diseño, por su encaje en la red o por su viabilidad económica.
En otros países, el proceso de desarrollo actúa como un filtro natural desde las fases iniciales, priorizando las mejores oportunidades y evitando desarrollos especulativos. Un ejemplo claro es que en algunos mercados el derecho de acceso y conexión a la red se concede en una fase muy avanzada del proyecto, una vez que se han obtenido el resto de las autorizaciones. Esto obliga al promotor a madurar técnicamente el proyecto antes de reservar capacidad, y contribuye a un desarrollo más ordenado y eficiente. Además, existen países que permiten mayor libertad en el desarrollo, trasladando al promotor una responsabilidad directa y estricta sobre el cumplimiento normativo. Este enfoque fomenta la profesionalización del sector, reduce la especulación y favorece que solo prosperen proyectos sólidos y bien estructurados. En este sentido, la administración andaluza está dando pasos en la buena dirección para que los desarrollos energéticos cumplan unos criterios mínimos de idoneidad y madurez, alineándose con las mejores prácticas internacionales y fortaleciendo el ecosistema energético regional.

Imagen de la planta de hidrógeno ubicada en Los Barrios (Cádiz).
El despliegue de nuevas tecnologías energéticas implica convivir con una elevada incertidumbre técnica, regulatoria y operativa. Desde su trayectoria en el sector, ¿qué lecciones clave le ha dejado la experiencia acumulada estos años y qué deberían tener muy en cuenta las empresas que aspiren a desarrollar proyectos energéticos de nueva generación?
La principal lección que dejan estos años de experiencia es que el futuro del sector pasa por el desarrollo de proyectos mucho más complejos de los que hemos conocido hasta ahora. Esa complejidad no se limita únicamente a la tecnología, sino que se extiende a los modelos de negocio, a los procesos de tramitación y permisos, y a los volúmenes de inversión necesarios para llevarlos a cabo. Este nuevo escenario va a exigir un nivel mucho mayor de conocimiento, especialización y formación continua, tanto por parte de los desarrolladores como de los promotores. La capacidad de entender y gestionar la incertidumbre técnica, regulatoria y operativa será un factor diferencial para el éxito de los proyectos. Como consecuencia, las barreras de entrada para nuevos actores van a ser significativamente más altas, lo que, no es negativo, sino positivo para la madurez del sector. Este contexto favorecerá la profesionalización, reducirá el desarrollo de proyectos poco sólidos y permitirá que prosperen únicamente aquellas iniciativas bien estructuradas, viables y alineadas con la realidad del mercado.
Para las empresas que aspiren a desarrollar proyectos energéticos de nueva generación, la clave estará en invertir en conocimiento y en una gestión rigurosa del riesgo, entendiendo que la transición energética exige cada vez más solvencia técnica y financiera.
Entrevista realizada para CLANER
