Entrevista realizada por Victoria Muñoz de Texla Renovables

Ya lo anticipó Maarten Wetselaar, CEO de Moeve: “Queremos convertir Andalucía en la Arabia Saudí del hidrógeno verde”. Hoy, esa ambición empieza a tomar forma. La compañía ha activado una inversión de hasta 3.000 millones de euros en la comunidad, de los cuales más de 1.000 millones ya están comprometidos en Huelva para el desarrollo de la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, el proyecto Onuba. Un paso decisivo que sitúa a Andalucía en el mapa europeo del hidrógeno y marca el inicio de la ejecución de uno de los proyectos industriales más relevantes de la transición energética.

No se trata de una planta aislada, sino de un ecosistema industrial integrado, diseñado para producir hidrógeno renovable a gran escala. El reto es monumental: producir 300.000 toneladas de moléculas verdes al año, lo que permitirá evitar la emisión de 6 millones de toneladas de CO2 anuales, transformando por completo el mapa de emisiones de España.

En el centro de esta estrategia se encuentra Olivia Infantes, una de las figuras clave en la transición de Moeve y voz de referencia en el sector. Para ella, el hidrógeno es, ante todo, una oportunidad industrial y energética tangible, que comienza a materializarse con el paso del pipeline a la ejecución, con el inminente arranque de las obras en Huelva.

En esta conversación para CLANER, Olivia Infantes aborda el papel de Andalucía como polo energético, la necesidad de activar la demanda y reducir los costes de producción, y, sobre todo, el desarrollo de las infraestructuras que harán posible la utilización y el transporte de estas moléculas. Claves que marcarán si el hidrógeno logra consolidarse como una solución real para la descarbonización industrial y el transporte.

Tras más de 25 años de trayectoria en el sector energético y ahora desde una posición estratégica en regulación y financiación pública en Moeve, ¿cómo definiría el momento que vive la transición energética en España y, especialmente, Andalucía? 

La transición energética hacia las energías renovables se inició en Europa como una herramienta indispensable para mantener el crecimiento de una manera sostenible ambiental y económicamente, minimizando el impacto en el cambio climático.  Más allá de lo anterior, con los años se ha puesto de manifiesto su papel clave para reducir la exposición a conflictos geopolíticos, reforzar la seguridad e independencia energéticas y estabilizar los precios mediante una mayor producción local basada en energías renovables. Esta evolución supone la producción de moléculas verdes a partir de la generación eléctrica con energías renovables.

Es esa evolución la que explica hitos recientes como la toma de nuestra decisión final de inversión para acometer la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, conocida como proyecto Onuba, y el inicio de trabajos de preparación en Huelva.

En Andalucía, las condiciones estructurales son singulares en Europa —más horas de sol, buen recurso eólico, capacidad de almacenamiento y una base industrial y portuaria madura—, lo que sitúa a la comunidad como punta de lanza para la producción competitiva y utilización de moléculas verdes.


Parque energético La Rábida.

Moeve ha aprobado la decisión final de inversión para la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, el proyecto Onuba,con una inversión superior a 1.000 millones de euros y la participación de socios internacionales como Masdar y Enalter. ¿Qué supone este proyecto para la consolidación del hidrógeno renovable como vector energético industrial en España?

Onuba es el mayor proyecto de hidrógeno verde del sur de Europa en su fase inicial y un punto de inflexión industrial para España: hablamos de 300 MW de electrólisis —con opción de ampliación a 400 MW—, una inversión conjunta superior a 1.000 millones de euros e incorporación de dos socios de primer nivel, Masdar y Enalter (cuyo accionista mayoritario es Enagás Renovable), que aportan capacidad financiera, credibilidad tecnológica y proyección internacional. Esta primera fase permitirá producir en torno a 45.000 toneladas anuales de hidrógeno y evitar aproximadamente 250.000 toneladas de CO₂ al año. Cuenta además con el apoyo ya concedido de 304 millones del programa Valles del H₂. Confiamos en comenzar las obras en las próximas semanas, materializando la transición del “pipeline” a la obra.

“MÁS ALLÁ DE INCENTIVAR LA DEMANDA, HAY QUE SEGUIR ADOPTANDO MEDIDAS ORIENTADAS A REDUCIR EL COSTE DE PRODUCCIÓN DE ESAS MOLÉCULAS”

Se habla de 2026 como un año clave para que muchos proyectos de hidrógeno pasen definitivamente de la planificación a la ejecución. Desde tu experiencia, ¿estamos realmente ante un punto de inflexión o todavía quedan variables críticas por despejar? Según la Asociación Española del Hidrógeno, el país podría superar los 4 GW de capacidad instalada en 2030, con alrededor de 8 GW de proyectos ya en fase de ingeniería y cerca de 0,5 GW en construcción.

Estamos efectivamente ante un punto de inflexión porque se van despejando muchas de las incógnitas existentes. Una de las más importantes es la trasposición de la Directiva de Energías Renovables, en la cual se ha trabajado mucho durante 2025 en todos los Estados Miembros y en particular en España.

No obstante, queda aún por hacer. A nivel europeo, por ejemplo, se deben despejar las dudas existentes alrededor de la demanda de moléculas verdes para la industria y para los sectores marítimo y aviación, introduciendo, si fuese necesario, medidas de flexibilidad que permitan alcanzar los objetivos de descarbonización establecidos por la Unión Europea sin tener que modificarlos o posponerlos más allá de 2030. Además, se deberían contemplar medidas incentivadoras para que sea la demanda final (los ciudadanos como nosotros) la que haga de “tractora” de estos productos vía incentivos fiscales, reducción de impuestos, etc.

Más allá de incentivar la demanda, hay que seguir adoptando medidas orientadas a reducir el coste de producción de esas moléculas. Por ejemplo, en los últimos meses se han introducido medidas muy positivas para el acceso a la red de proyectos estratégicos y la generación renovable asociada. A éstas cabría añadir medidas adicionales orientadas específicamente a la reducción de costes (minimización de peajes de acceso y aprovechamiento para la prestación de servicios de ajuste de la flexibilidad inherente o embebida en los proyectos).

En paralelo se tiene que hacer un esfuerzo especial en la concreción de los protocolos de certificación de las características de sostenibilidad de estas moléculas, de los certificados de cumplimiento de las distintas obligaciones definidas por la regulación así como de los mecanismos de intercambios de éstos últimos a nivel internacional. Estos aspectos son claves para reducir incertidumbres en el proceso de compra-venta y facilitar su comercialización. 

Por último, cabe mencionar la necesidad de asegurar una cadena de suministro robusta para todos los equipos (desde electrolizadores o compresores a infraestructura eléctrica) así como de seguir trabajando en el desarrollo de la infraestructura que permita la utilización y/o transporte de estas moléculas.

Durante la reciente Conferencia Europea del Hidrógeno celebrada en Sevilla, el presidente de la Junta, Juanma Moreno, defendía que Andalucía puede llegar a producir un tercio del hidrógeno verde de España en 2030. ¿Qué factores o fortalezas explican que la comunidad se esté posicionando como uno de los grandes polos (hubs) de desarrollo de esta tecnología?

La principal fortaleza es la competitividad estructural del recurso renovable: Andalucía combina acceso a energía solar y eólica a un precio muy inferior que en países del norte de Europa, tiene disponibilidad de suelo y dos puertos estratégicos —Huelva y Algeciras— con conexiones naturales a los grandes corredores energéticos europeos, lo que permite escalar producción y exportación de moléculas verdes. A ello se suma el respaldo institucional, que respalda proyectos tractores, y un ecosistema industrial y científico que ya opera en torno al hidrógeno.

“EL PRIMER CUELLO DE BOTELLA ES EL ACCESO A LA RED ELÉCTRICA TANTO PARA PARA CONSUMIR ENERGÍA COMO PARA INYECTAR LA PRODUCCIÓN RENOVABLE”

El Valle Andaluz prevé alcanzar hasta 300.000 toneladas anuales de producción en su desarrollo completo y generar miles de empleos asociados. ¿Dónde estará la demanda real que absorba ese hidrógeno: industria pesada, transporte marítimo, aviación, exportación?

La demanda inicial está sólidamente anclada en la sustitución de hidrógeno gris en procesos industriales existentes y en la producción de combustibles sintéticos para transporte marítimo y aviación, en línea con los objetivos marcados por la RED III; de hecho, la producción de Onuba podría consumirse íntegramente por Moeve. Se mantienen abiertas las opciones de exportación apoyándonos en la infraestructura portuaria andaluza y en corredores como el de Algeciras–Róterdam, un vector natural para posicionar moléculas verdes en el mercado noroeste europeo.

Más allá de la producción, uno de los grandes retos es la infraestructura: redes, almacenamiento, logística y estabilidad regulatoria. ¿Cuáles son hoy los principales cuellos de botella que deben resolverse para consolidar el mercado?

El primer cuello de botella es el acceso a la red eléctrica tanto para para consumir energía como para inyectar la producción renovable. El RDL 7/2026 ha introducido medidas al respecto y esperamos que su desarrollo confirme su impacto positivo. 

En segundo lugar, es necesario clarificar los procesos para el desarrollo de la infraestructura de transporte y almacenamiento. Para esto será clave la trasposición a España de la Directiva de gases renovables e hidrógeno, en la cual se prevé que trabajemos a lo largo del año 2026.

Por último, la cadena de suministro debe ganar profundidad y certidumbre en todos los elementos clave de los que proyectos que van desde los equipos necesarios para el suministro eléctrico hasta la infraestructura requerida para el transporte (vía terrestre o marítima) pasando por electrolizadores, compresores, etc.

Imagen panorámica del Polo Químico de Huelva

Moeve no solo está apostando por hidrógeno, sino también por biocombustibles avanzados, combustibles sostenibles de aviación y soluciones de electrificación. ¿Cómo se articula esta transformación del modelo de negocio hacia una compañía multienergía limpia?

En Moeve apostamos por un modelo multienergía, donde ofrecemos un abanico de soluciones para satisfacer las necesidades de descarbonización de distintos sectores. Este abanico incluye el hidrógeno renovable y sus moléculas derivadas, los biocombustibles avanzados, el SAF y la electrificación.

Esa transformación se articula vía inversiones. En concreto, nuestra planta de biocombustibles 2G en Huelva, con una inversión de 1.200 millones de euros y una capacidad de producción flexible de 500.000 toneladas anuales de HVO y SAF, hará de nuestro complejo industrial de biocombustibles de segunda generación el mayor del sur de Europa. Además, las inversiones en infraestructuras logísticas como el Muelle Sur y el poliducto, desarrollado con Exolum, asegurarán el transporte eficiente de estas moléculas verdes, reforzando así un ecosistema energético diversificado y preparado para acelerar la transición energética.

“EN MOEVE APOSTAMOS POR UN MODELO MULTIENERGÍA, DONDE OFRECEMOS UN ABANICO DE SOLUCIONES PARA SATISFACER LAS NECESIDADES DE DESCARBONIZACIÓN DE DISTINTOS SECTORES”

La entrada de capital internacional en proyectos andaluces de hidrógeno evidencia el creciente atractivo inversor del sector. ¿Qué condiciones debe ofrecer España para seguir atrayendo este tipo de inversiones estratégicas y qué papel juegan la estabilidad regulatoria y la colaboración público-privada para mantener esa confianza?

La prioridad es consolidar un marco estable y predecible: trasposición íntegra y ágil de RED III, certidumbre fiscal y esquemas de apoyo a la demanda que permitan contratos a largo plazo y faciliten el cierre financiero. El reconocimiento como Proyecto de Interés Común europeo, junto con ayudas NextGenerationEU ya concedidas, ha sido decisivo en Onuba. La presencia de socios como Masdar y Enalter en la primera fase refuerza además la credibilidad del ecosistema español y andaluz ante los mercados internacionales, evidenciando que las condiciones de país y región son capaces de atraer y retener capital a escala.

¿Cómo pueden pymes y empresas auxiliares andaluzas integrarse en la cadena de valor del hidrógeno y de los nuevos vectores?

Desde Moeve, confiamos en que el desarrollo de las moléculas verdes en Andalucía, a través de proyectos como el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, va a contribuir a impulsar toda la cadena de valor, además de dinamizar la región en materia de empleo.

Mirando a la próxima década, ¿qué combinación de soluciones será determinante para que Andalucía cumpla objetivos climáticos y genere valor económico sostenible?

La combinación ganadora pasa por supuesto, por la electrificación, sumada al desarrollo de las moléculas verdes para descarbonizar aquellos sectores difícilmente electrificables.  Sustituir hidrógeno gris por renovable en la industria e impulsar derivados como e‑metanol, e-saf, e-amoníaco y biocombustibles de segunda generación para aviación y marítimo que paulatinamente vayan sustituyendo a los fósiles, con el objetivo de consolidar a Andalucía como hub exportador de estas soluciones de descarbonización.

 

Entrevista realizada para CLANER