Entrevista realizada por Victoria Muñoz de Texla Renovables

No hay información sin datos, pero tampoco hay decisiones eficaces sin ellos. Esta es la realidad que enfrenta hoy un sector renovable que ha alcanzado la madurez y que opera en un entorno cada vez más complejo, donde conviven tecnologías diversas, activos envejecidos y una creciente presión sobre el sistema eléctrico. En este contexto, el mantenimiento y la gestión de activos dejan de ser funciones operativas para consolidarse como piezas clave en la estabilidad, eficiencia y sostenibilidad del sistema energético.

AEMER, presidida por Elisa Manero, representa bien esta evolución. Fundada en 2015 y con más de 50 empresas asociadas, la organización trabaja para profesionalizar el O&M renovable, estandarizar procesos, impulsar la innovación y reforzar ámbitos críticos como la logística, el suministro de componentes o la cualificación técnica del sector.

Entre sus iniciativas más relevantes destaca la próxima creación del Observatorio del O&M Renovable, concebido para resolver uno de los grandes déficits estructurales del sector: la dispersión de datos y la ausencia de indicadores comunes. Su objetivo es claro: generar información fiable, comparable y útil que permita analizar la evolución del mantenimiento desde una perspectiva global. “Es una herramienta necesaria porque el sector ha alcanzado un nivel de madurez que exige rigor técnico y capacidad de análisis. No podemos seguir tomando decisiones estratégicas sin datos sectoriales sólidos”, subraya Manero.

Este debate tendrá, además, un escenario clave en Expofimer 2026, que se celebrará por primera vez en Sevilla los días 10 y 11 de junio, consolidándose como el principal punto de encuentro del sector de operación y mantenimiento en España. Un foro en el que la digitalización ocupará un papel central como palanca para optimizar el rendimiento de los activos y mejorar la toma de decisiones.

En esta entrevista para CLANER profundizamos, además, en cómo la gestión del dato se convierte en un elemento crítico, junto a otros retos estructurales como la disponibilidad de talento, la presión sobre la red o la necesidad de avanzar hacia modelos más resilientes y sostenibles.

En definitiva, analizamos por qué el sector entra en una nueva fase en la que la transición energética ya no se mide únicamente en megavatios instalados, sino en la capacidad de operar los activos con fiabilidad, eficiencia y visión de largo plazo.

 

España cerró 2025 con un hito histórico: un 56,6% de generación renovable en el mix eléctrico. Tras años centrados en la carrera por instalar nuevos megavatios, ¿qué papel ocupa hoy el mantenimiento y cuál diría que es el principal reto técnico que afronta el sector?

España ha demostrado que es capaz de instalar renovables a gran escala. El siguiente reto es demostrar que sabemos operarlas con excelencia durante décadas. Ahí es donde el mantenimiento pasa de ser una función de soporte a convertirse en un elemento estructural del sistema energético.

Hoy el mantenimiento es el que garantiza la disponibilidad real de la energía, la estabilidad de los activos y la sostenibilidad económica de las inversiones. No hablamos solo de evitar fallos, sino de optimizar rendimiento, alargar la vida útil y asegurar la integración eficiente en el sistema eléctrico.

El principal reto técnico es gestionar un parque cada vez más heterogéneo y envejecido, en un entorno donde confluyen nuevas tecnologías, mayores exigencias regulatorias y condiciones operativas más complejas. La transición energética ya no depende tanto de cuánto instalamos, sino de cómo operamos lo que ya tenemos.

 

“EL PRINCIPAL RETO TÉCNICO ES GESTIONAR UN PARQUE CADA VEZ MÁS HETEROGÉNEO Y ENVEJECIDO, EN UN ENTORNO DONDE CONFLUYEN NUEVAS TECNOLOGÍAS, MAYORES EXIGENCIAS REGULATORIAS Y CONDICIONES OPERATIVAS MÁS COMPLEJAS”

 

Hasta hace poco, cuando se hablaba de mantenimiento se asociaba sobre todo a modelos preventivos y correctivos, pero hoy ya no es suficiente. ¿Qué importancia tiene en la actualidad el mantenimiento predictivo para mejorar disponibilidad, eficiencia y vida útil de las instalaciones?

El mantenimiento predictivo es, probablemente, el mayor salto cualitativo que ha dado el sector en los últimos años. Permite anticipar fallos antes de que se produzcan, intervenir de forma planificada y reducir tanto los tiempos de parada como los costes asociados.

Pero su verdadero valor no está solo en la anticipación, sino en la capacidad de entender el comportamiento del activo. Nos permite pasar de una lógica reactiva a una lógica de gestión basada en fiabilidad.

Esto se traduce en tres impactos directos: mayor disponibilidad, mejora de la producción energética medida en megavatios hora (MWh) y extensión de la vida útil de los equipos. En un contexto donde cada MWh cuenta, el mantenimiento predictivo deja de ser una opción tecnológica para convertirse en una necesidad operativa.

Desde AEMER se insiste en la necesidad de un mantenimiento basado en datos. ¿Cómo está cambiando la digitalización la gestión del O&M y qué riesgos tiene seguir operando con sistemas poco integrados o con una baja calidad del dato?

La digitalización está redefiniendo completamente la gestión del O&M. Hoy disponemos de grandes volúmenes de datos procedentes de SCADA, sensores, sistemas de monitorización o inspecciones avanzadas. La clave ya no es tener datos, sino saber integrarlos, interpretarlos y convertirlos en decisiones operativas.

Un mantenimiento basado en datos permite optimizar estrategias, priorizar intervenciones y mejorar la trazabilidad de los activos. Sin embargo, operar con sistemas fragmentados o con datos de baja calidad genera el efecto contrario: decisiones erróneas, pérdida de eficiencia y aumento del riesgo operativo.

El riesgo más importante es la falsa sensación de control. Tener datos no es lo mismo que tener información fiable. Por eso, uno de los grandes desafíos del sector es avanzar hacia modelos de integración, estandarización y gobernanza del dato.

En el sector se repite cada vez más que un CAPEX bien invertido no consiste solo en construir, sino en asegurar el rendimiento del activo durante 25 o 30 años. Desde la perspectiva del mantenimiento, ¿qué decisiones en la fase inicial del proyecto son determinantes para garantizar ese rendimiento a largo plazo?

Las decisiones que se toman en fase de diseño condicionan directamente el comportamiento del activo durante toda su vida útil. Desde la perspectiva del mantenimiento, hay varios factores críticos.

En primer lugar, la calidad de los componentes y la adecuación tecnológica al entorno específico donde se va a operar. No es lo mismo diseñar para condiciones estándar que para entornos exigentes.

En segundo lugar, la accesibilidad y mantenibilidad del activo. Diseñar pensando en el mantenimiento reduce tiempos de intervención, mejora la seguridad y optimiza costes.

Y, por último, la integración de sistemas de monitorización desde el inicio. Cuanto antes se incorpore una visión basada en datos, mayor capacidad tendremos de gestionar el activo de forma eficiente.

En definitiva, el mantenimiento no empieza cuando el activo entra en operación; empieza en la fase de diseño.

AEMER ha planteado para 2026 la creación del Observatorio del O&M Renovable, ¿puede explicarnos en qué consiste esta iniciativa, por qué se torna necesaria para el sector, y cuáles van a ser los primeros pasos para su impulso?

El Observatorio del O&M Renovable nace con un objetivo claro: dotar al sector de información estructurada, comparable y útil para la toma de decisiones.

Hoy existe una gran dispersión de datos y falta de indicadores comunes que permitan analizar la evolución del mantenimiento desde una perspectiva global. El Observatorio pretende cubrir ese vacío, generando métricas en ámbitos clave como empleo y talento, seguridad, calidad, innovación o nuevos entornos operativos.

Es una herramienta necesaria porque el sector ha alcanzado un nivel de madurez que exige rigor técnico y capacidad de análisis. No podemos seguir tomando decisiones estratégicas sin datos sectoriales sólidos.

Los primeros pasos estarán centrados en la definición de indicadores, la creación de grupos de trabajo especializados y la recopilación progresiva de información a través de las empresas asociadas.

 

“EL OBSERVATORIO DEL O&M RENOVABLE NACE CON UN OBJETIVO CLARO: DOTAR AL SECTOR DE INFORMACIÓN ESTRUCTURADA, COMPARABLE Y ÚTIL PARA LA TOMA DE DECISIONES”

 

¿Por qué es tan importante que el sector hable un mismo lenguaje técnico a la hora de medir la calidad del mantenimiento?

Porque lo que no se mide de forma homogénea no se puede comparar ni mejorar de manera efectiva.

Hoy encontramos diferencias significativas en cómo se definen indicadores como disponibilidad, fallo o rendimiento. Esto dificulta la toma de decisiones, la comparación entre activos y la identificación de buenas prácticas.

Pero hablar de calidad en mantenimiento ya no es solo hablar de rendimiento operativo. Es también hablar de sostenibilidad, de cómo gestionamos los componentes a lo largo de todo su ciclo de vida, de estrategias de reciclaje, reutilización y reacondicionamiento, y del impacto que tienen nuestras decisiones en la huella global del activo.

Un lenguaje común permite integrar todas estas dimensiones, establecer estándares y avanzar hacia un modelo de mantenimiento más eficiente, más transparente y también más sostenible.

La Inteligencia Artificial está en boca de todos, ¿cuáles son los avances más destacables que está aportando esta tecnología y qué otras están incidiendo para una mejor eficiencia y optimización de los activos?

La Inteligencia Artificial está aportando avances muy relevantes en la detección de anomalías, el análisis predictivo y la optimización de operaciones. Permite identificar patrones complejos que serían difíciles de detectar con métodos tradicionales.

Pero no actúa sola. Está acompañada de otras tecnologías clave como los gemelos digitales, la inspección con drones, la termografía avanzada o los sistemas de monitorización en tiempo real.

El verdadero valor surge de la combinación de todas ellas. Cuando se integran correctamente, permiten mejorar la fiabilidad, reducir costes y optimizar el rendimiento de los activos.

Eso sí, su impacto depende en gran medida de la calidad del dato y de la capacidad de integración de los sistemas.

El sector atraviesa un momento complejo, con restricciones de red, vertidos y saturación de nudos. Desde la perspectiva del mantenimiento, ¿qué papel puede desempeñar para mejorar la eficiencia y la estabilidad del sistema eléctrico?

El mantenimiento tiene un papel clave en este contexto. Cuando el sistema eléctrico está tensionado, cada punto de eficiencia cuenta.

Un mantenimiento optimizado permite maximizar la disponibilidad en momentos críticos, reducir pérdidas y mejorar la calidad de la generación. Además, contribuye a una mejor gestión de los activos en entornos de limitación de evacuación.

También juega un papel importante en la adaptación a nuevos modelos operativos, como la hibridación o la integración con almacenamiento, que permiten gestionar mejor la energía generada.

En definitiva, el mantenimiento ayuda a que el sistema sea más eficiente, más flexible y más resiliente.

 

“UN MANTENIMIENTO OPTIMIZADO PERMITE MAXIMIZAR LA DISPONIBILIDAD EN MOMENTOS CRÍTICOS, REDUCIR PÉRDIDAS Y MEJORAR LA CALIDAD DE LA GENERACIÓN”

 

Hace ya un año que el sistema sufrió un serio incidente de estabilidad. ¿Qué lecciones debemos aprender del O&M sobre este «blackout» y qué acciones son hoy prioritarias?

Este tipo de incidentes nos recuerdan que la transición energética no es solo una cuestión de generación, sino de estabilidad del sistema.

Desde el O&M, la principal lección es la necesidad de reforzar la monitorización, la coordinación operativa y la capacidad de respuesta ante situaciones críticas.

Es fundamental avanzar en sistemas de control más avanzados, mejorar la integración entre tecnologías y reforzar la formación de los equipos.

La prioridad es clara: anticipar, coordinar y reaccionar con rapidez. Porque en un sistema cada vez más complejo, la resiliencia depende en gran medida de cómo operamos los activos.

En un contexto de tensión internacional y cadenas de suministro cada vez más frágiles, la disponibilidad de repuestos se ha convertido en un elemento crítico para la operación de los activos. ¿Debe el sector replantear sus estrategias hacia stocks de seguridad locales y modelos de economía circular basados en la reparación y reacondicionamiento de equipos?

Sin duda. La disponibilidad de repuestos se ha convertido en un factor estratégico.

El sector debe avanzar hacia modelos más resilientes, combinando stocks de seguridad con estrategias de reparación, reacondicionamiento y reutilización de componentes.

La economía circular no es solo una cuestión ambiental, sino también operativa. Permite reducir tiempos de parada, optimizar costes y disminuir la dependencia de cadenas de suministro globales.

Además, abre nuevas oportunidades industriales y de especialización técnica.

La formación, la especialización técnica y la disponibilidad de talento siguen siendo talones de Aquiles en el sector. ¿Qué cambios hacen falta para profesionalizar de verdad el mantenimiento renovable y darle el reconocimiento estratégico que merece dentro de la planificación energética?

El talento es, probablemente, el mayor reto estructural del sector.

Necesitamos avanzar en tres líneas. La primera es alinear la formación con las necesidades reales del mercado, incorporando contenidos técnicos específicos y experiencia práctica.

La segunda es mejorar las condiciones y la proyección profesional de los perfiles técnicos, reconociendo su papel estratégico.

Y la tercera es generar una mayor cultura sectorial que ponga en valor el mantenimiento como elemento clave de la transición energética.

Porque, en última instancia, la calidad del sistema energético dependerá de las personas que lo operan.

Entrevista realizada para CLANER

 

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