Entrevista realizada por Victoria Muñoz de Texla Renovables

Cuando se habla de descarbonización industrial, el foco mediático tiende a saltar enseguida a las tecnologías más vistosas: hidrógeno renovable, captura de CO₂, biometano. Pero quienes llevan décadas acompañando a la industria en este camino saben que el orden importa, y que las grandes transformaciones rara vez empiezan por el tejado. Empiezan por entender cómo consume energía una planta y por optimizar procesos. Lo demás llega después, y llega mejor.

Pedro Marín Aranda conoce ese recorrido como pocos. Ingeniero industrial por la Universidad de Sevilla, está al frente de INERCO: la multinacional sevillana que nació en 1984 como la primera spin-off de la Universidad hispalense y que hoy opera en más de 70 países acompañando a la industria en retos vinculados al hidrógeno renovable, la captura de CO₂, el biometano, el almacenamiento energético y la eficiencia industrial.

Además, preside desde hace poco más de un año, el Clúster Empresarial Andaluz del Biometano, que agrupa a las principales compañías del sector y proyecta más de un centenar de plantas en Andalucía con una inversión asociada superior a los 2.500 millones de euros.

Conversamos con él sobre descarbonización industrial, competitividad, licencia social y el papel que jugará el biometano en la transición energética. También sobre los obstáculos que todavía condicionan su despliegue, desde la complejidad administrativa hasta la falta de criterios homogéneos entre territorios.

En la descarbonización industrial se habla mucho de tecnologías, pero quienes llevan años acompañando el proceso, como INERCO, saben que el cuello de botella rara vez está donde parece. Si tuviera que ordenar por peso específico cuatro factores, tecnología, regulación, financiación y cultura industrial de las propias compañías, ¿cuál está marcando hoy la diferencia entre quienes avanzan y quienes se quedan atrás?

La tecnología es imprescindible, pero rara vez es ya el cuello de botella principal, salvo excepciones. La regulación existe, aunque necesita simplificación, mayor agilidad y claridad en algunos ámbitos para no ser un freno; la financiación está disponible para proyectos sólidos y bien estructurados, si bien para algunas tecnologías es necesario contar con apoyo de ayudas públicas para viabilizar su implantación en los primeros proyectos; y la cultura industrial que es decisiva porque estas inversiones exigen anticipación, gestión del riesgo y visión de largo plazo está muy bien implantada en el sector industrial español. Hoy la diferencia para convertir una oportunidad derivada de las nuevas necesidades de descarbonización y sostenibilidad en un proyecto real la marca realmente una ingeniería solvente, la gestión ágil de los permisos y la adecuada comunicación para obtener la necesaria aceptación social.

Mas allá del componente ambiental, la descarbonización está redefiniendo las reglas del juego competitivo. A su juicio, ¿cuáles son hoy las claves de la competitividad industrial, y hasta qué punto sostenibilidad y competitividad son ya dos caras de la misma moneda?

La descarbonización ha dejado de ser solo una obligación ambiental. En muchos sectores es ya una condición para competir. Afecta al coste energético, al precio del CO₂, al acceso a financiación, a la relación con clientes internacionales y a la permanencia de la industria en cadenas de valor cada vez más exigentes. Y sí, la sostenibilidad y la competitividad son cada vez más dos caras de la misma moneda, pero con una precisión importante: la seguridad energética ha pasado a formar parte importante de esta ecuación, por lo que ya nos encontramos ante un dilema importante. Y en muchos casos el peso de la seguridad energética está inclinando la balanza hacia la descarbonización, aunque ello suponga una razonable merma de competitividad, ya que hace a las compañías menos dependientes de los combustibles fósiles (cuyos recursos y control de precios no se encuentran en Europa).

“LA GRAN VENTAJA DEL BIOMETANO ES QUE PUEDE SUSTITUIR DIRECTAMENTE AL GAS NATURAL, EN MUCHOS USOS, APROVECHANDO INFRAESTRUCTURAS EXISTENTES Y REDUCIENDO LA NECESIDAD DE ADQUIRIR O MODIFICAR EQUIPOS INDUSTRIALES, LO QUE SÍ SE REQUIERE CON LOS EQUIPOS ELÉCTRICOS O LOS QUE USAN HIDRÓGENO”

Cuando una industria decide ponerse en marcha para reducir su huella de carbono, ¿por dónde debería empezar? ¿Cuál sería una hoja de ruta lógica, paso a paso, para ir aplicando soluciones?

El esquema es muy variable según la naturaleza de la actividad, tipo de energías y materias primas que se emplean. El primer paso y la solución más inmediata suelen estar en la optimización de los procesos y en la electrificación renovable, apoyada en este último caso, de manera importante, en almacenamiento eléctrico. El almacenamiento eléctrico en baterías es una herramienta que permite reducir picos de consumo, desplazar demanda hacia horas más competitivas y, en algunos casos, participar en servicios de ajuste del sistema eléctrico. Si la industria tiene necesidades de calor, como suele ser habitual, entramos en un ámbito más complejo. Antes de pensar en esas tecnologías más complejas, muchas industrias pueden avanzar de forma muy significativa optimizando cómo consumen y almacenan energía eléctrica.

Una parte esencial del consumo industrial es calor. ¿Está madura la electrificación del calor industrial?

Para determinados rangos de temperatura, especialmente baja y media temperatura, la electrificación del calor ya no es una posibilidad, sino una realidad, una solución industrial con diferentes alcances como bombas de calor, calderas eléctricas o almacenamiento térmico. Lo importante es adaptar la producción renovable a una demanda térmica que suele ser continua y exigente y ahí el almacenamiento térmico adquiere un papel muy relevante.

El proyecto de Iberdrola en la planta de Bayer en La Felguera es un buen ejemplo: incorpora un sistema de almacenamiento térmico con sales fundidas, desarrollado y patentado por INERCO, para generar vapor a partir de electricidad renovable, descarbonizando con ello todas las aspirinas del mundo. No se trata de una solución singular limitada a una planta concreta, sino de un esquema perfectamente replicable en numerosas industrias que requieren suministro continuo de vapor o calor de proceso en rangos de baja y media temperatura. Sectores como el químico, farmacéutico, alimentario, papelero, minero, textil y muchos procesos agroindustriales pueden beneficiarse de este tipo de soluciones cuando buscan sustituir total o parcialmente los combustibles fósiles sin comprometer la continuidad operativa por el hecho de recurrir a electricidad renovable.

Cuando la electrificación directa no es posible o no resulta competitiva, ¿qué alternativas hay?

En primer lugar, estaría el uso de la biomasa o los biocombustibles, como el biometano. Su valor aparece ya que permiten valorizar residuos, sustituir combustibles fósiles y aportar soluciones térmicas al tiempo que incrementa la seguridad energética del territorio, cuestión fundamental como comentábamos antes.

En segundo lugar, estaría el uso de hidrógeno renovable y los combustibles sintéticos. Este tipo de soluciones son de aplicación en usos difíciles de descarbonizar, y en este sentido son proyectos que están, la mayoría de ellos, en fase de desarrollo a nivel de ingeniería y tramitaciones.

El hidrógeno renovable ha de tratarse como un vector estratégico para aplicaciones donde aporta verdadero valor: materia prima industrial, refino, química y determinados usos térmicos, así como la producción de combustibles sintéticos. Los e-fuels serán especialmente relevantes donde la electrificación directa es muy compleja, como aviación o transporte marítimo.

Finalmente, la captura de CO₂, que es imprescindible para evitar aquellas emisiones de difícil abatimiento, como las emisiones de proceso, tiene la ventaja adicional de proporcionar materia prima para producir metanol, metano u otros combustibles sintéticos.

INERCO puede hablar aquí con legitimidad por su experiencia y trayectoria en biomasa, biometano, hidrógeno renovable, metanol, e-SAF, amoniaco y captura de CO₂, participando con diferentes alcances en ingenierías y tramitaciones para más de 50 proyectos de hidrógeno verde (16 GW) y derivados, actualmente en desarrollo en este campo.

Abordando ya el biometano, una de las tecnologías más citadas en los últimos años ¿cuáles son sus ventajas reales frente a otras alternativas y qué inconvenientes mantiene?

La gran ventaja del biometano es que puede sustituir directamente al gas natural, en muchos usos, aprovechando infraestructuras existentes y reduciendo la necesidad de adquirir o modificar equipos industriales, lo que sí se requiere con los equipos eléctricos o los que usan hidrógeno. De hecho, en el caso de los hogares, se requeriría una importante inversión en instalación de aerotermia cuando existiendo una caldera de gas natural no es necesario invertir nada (¡es la misma molécula!). Bajo mi punto de vista, lo fundamental es que convierte residuos agroganaderos, agroindustriales y orgánicos en energía renovable, reduciendo emisiones difusas y generando actividad local. Y, nuevamente, aporta seguridad energética al provenir de un recurso local independiente de importaciones de gas natural.

No creo que podamos decir que presente inconvenientes, sino que al igual que en cualquier actividad deben tenerse en cuenta determinadas condiciones de contorno: necesita una logística de residuos (o subproductos, como prefiere llamarla el sector agroganadero) bien diseñada, una gestión rigurosa del digerido, un diseño adecuado para el control de olores, así como lo que se ha dado en llamar licencia social, además de las administrativas. Nada distinto de lo requerido para cualquier actividad, y en este caso, siendo un verdadero ejemplo de aplicación de economía circular, desarrollo territorial sostenible y autonomía energética.

Hablemos de cifras. ¿Qué números arroja hoy el sector en España y en Andalucía, y en qué grado de madurez nos encontramos respecto a otros países europeos?

España tiene un potencial muy alto, pero un despliegue todavía bajo, aunque con claras señales de aceleración. España cuenta actualmente con 25 plantas de biometano operativas inyectando directamente a la red gasista de transporte y distribución. En Europa, la escala es muy superior, con más de 1.600 plantas operativas, de las cuales el 86 % estaban conectadas a redes gasistas. El potencial de crecimiento en España es por tanto muy relevante, y en este sentido INERCO está desarrollando actualmente más de 25 proyectos para plantas de biometano. En Andalucía concretamente el potencial es especialmente relevante por su base agroalimentaria, ganadera y oleícola. Probablemente el hito más representativo hasta la fecha es la planta de La Calahorra, en Granada, inaugurada en diciembre de 2025 como primera planta agroindustrial de biometano con inyección directa a la red gasística general. Con 58 GWh/año de capacidad y valorización de 104.000 toneladas anuales de residuos agroganaderos y agroindustriales, ilustra muy bien el tipo de proyecto que puede convertir el biometano en una palanca real de economía circular, desarrollo rural y sustitución de gas natural fósil.

“EN ESTE MOMENTO LA DEMANDA ESTÁ GARANTIZADA PARA LA INMENSA MAYORÍA DE PROYECTOS EN TRAMITACIÓN, YA QUE EXISTE UN IMPORTANTE MERCADO A NIVEL EUROPEO DE BIOMETANO CERTIFICADO”

El Clúster Empresarial Andaluz del Biometano cumple ahora su primer año de vida y nació con una ambición concreta: más de un centenar de plantas en cinco años, 2.500 millones de euros de inversión y hasta 1.500 empleos directos. ¿Qué necesita Andalucía para que ese pipeline se convierta en realidad y no se quede en una declaración de intenciones?

Es muy importante destacar que el sector ya cuenta con una importante cartera de proyectos industrialmente viables, autorizables y financiables. Todo está a punto para que Andalucía pueda convertirse en el territorio que mejor gestiona los residuos de su importante sector agroganadero, aportando empleo y riqueza en las zonas rurales y generando un gas renovable que sustituya gran parte de sus necesidades de gas natural.

El freno que se ha encontrado el sector está básicamente localizado en las autorizaciones. Lejos de implantarse en Andalucía un procedimiento ágil, por tratarse de proyectos de energías renovables, se han establecido procedimientos complejos —no solo ambientales, sino también urbanísticos— involucrando a varias administraciones. Ello, unido a la ausencia de criterios claros, no solo dentro de la administración autonómica, sino también entre las diferentes comunidades autónomas, hace que los plazos estén siendo muy superiores a los de otros proyectos industriales renovables y no renovables.

 

Más allá de la tramitación, una parte creciente de los proyectos de biometano en España se está topando con oposición vecinal: olores, tráfico de camiones, ubicación, percepción de riesgo. ¿Cree que el sector ha subestimado la dimensión social del despliegue?

Efectivamente, otra cuestión relevante es la llamada licencia social. Son proyectos realizados rigurosamente, que adoptan las mejores tecnologías y que están sometidos a un serio examen previo por la administración ambiental. No obstante, el sector, junto con la administración y con el ámbito agroganadero, debe realizar un esfuerzo por seguir comunicando de forma clara y transparente, tanto las virtudes indudables de este gas renovable, como aclarar cualquier duda vecinal. Estamos convencidos de que una adecuada articulación del sello de excelencia social, territorial y ambiental, introducido en el RDL 7/2026, será de gran ayuda para aportar a todos los implicados criterios objetivos, reducir desconfianza y poner en valor los muchos proyectos de biometano de alto nivel.

Se habla mucho de producir biometano, pero ¿está garantizada la demanda?

En este momento la demanda está garantizada para la inmensa mayoría de proyectos en tramitación, ya que existe un importante mercado a nivel europeo de Biometano certificado.

Mas aún, a nivel estatal se acaba de establecer, mediante consulta pública por parte del MITECO, una senda anual concreta de objetivos obligatorios de biometano. Se comienza con un 0,5% en 2028 y aumenta progresivamente hasta el 6% en 2035. Este sistema crea una demanda regulada de biometano, obligando a comercializadoras y grandes consumidores a incorporar gas renovable y acreditar su uso mediante garantías de origen. El objetivo final equivale a unos 10 TWh en 2035, lo que implica incrementar de forma importante la producción actual y activar nuevas inversiones en el sector.

Adicionalmente se reconoce una de las históricas reivindicaciones del sector, incluir dentro del sistema gasista el reverse Flow. Ello evitará bloqueos de red y facilitará el despliegue de plantas.

Por todo ello, y como conclusión, si junto a las administraciones públicas somos capaces de agilizar y simplificar las autorizaciones administrativas y trabajamos en conseguir una comunicación y aceptación social adecuada, estamos en perfectas condiciones para hacer de Andalucía la referencia en economía circular, desarrollo territorial sostenible y autonomía energética.

“EN INERCO HEMOS MANTENIDO UNA CLARA ESTRATEGIA DE SERVICIO INTEGRAL QUE HEMOS PUESTO EN PRÁCTICA CON DETERMINACIÓN PARA PODER DAR RESPUESTA A LAS NECESIDADES DE NUESTROS CLIENTES DE FORMA GLOBAL”

INERCO participa en toda la cadena de soluciones asociada a la transición energética y la descarbonización. ¿Cuáles han sido las claves de esta evolución?

Llegar a cubrir toda la cadena de valor en soluciones vinculadas a la transición energética y la descarbonización no ha sido un proceso inmediato ni sencillo. Hemos mantenido una clara estrategia de servicio integral que hemos puesto en práctica con determinación para poder dar respuesta a las necesidades de nuestros clientes de forma global. Este enfoque integral, construido durante años, es hoy uno de nuestros principales diferenciales y nos permite abordar los desafíos de la transición energética con una visión global, coherente y optimizada.

Gracias a ello, hoy INERCO no es solo reconocible por ser líder en consultoría ambiental, de seguridad industrial o laboral, sino que también es referente en tecnologías ambientales como la reducción de emisiones, la remediación de suelos contaminados, el control de ruido laboral y ambiental, el tratamiento de aguas industriales, la generación de hidrógeno verde, el almacenamiento eléctrico y térmico de energía, la captura de CO2 o la mencionada producción de biometano.

Esa evolución se ha apoyado en relaciones sólidas basadas en el trabajo honesto, el rigor y el buen hacer. Hemos trabajado con nuestros clientes en relaciones a lo largo del tiempo, generando una confianza duradera. Hoy, muchos de esos clientes son precisamente los que están liderando procesos de transformación y demandando soluciones avanzadas de descarbonización, contando con INERCO como socio de referencia para acompañarlos.

Entrevista realizada para CLANER